Madrid, otoño de 1868

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La segunda mitad del siglo XIX en Europa es, sin duda, una época marcada por el desarrollo económico, político y social derivado de la revolución industrial, el liberalismo económico, los movimientos sociales y el paulatino desmarcaje de los monarcas y la iglesia sobre la dirección de los gobiernos. Nuestra villa no va a ser ajena a todos esos cambios, siendo el otoño de 1868 un momento clave para la historia de Madrid.

Las tensiones entre moderados -valedores del antiguo régimen- y liberales, así como una nueva crisis derivada del precio del pan, desembocaron entre los días 19 y 27 de septiembre de 1868 en la llamada Revolución de la Gloriosa que, teniendo como líderes a Juan Bautista Topete, Francisco Serrano y Juan Prim, se provocaron la caída de Isabel II, dando paso a los primeros intentos por generar una España más libre y democrática (sexenio democrático), primero con la instauración de una monarquía parlamentaria con Amadeo de Saboya y después con la Primera República.gloriosa

Justo un mes después del inicio de la revolución, el 19 de octubre, se aprueba la demolición de la iglesia más antigua de Madrid. Aunque el proyecto de su demolición venía fraguándose desde años atrás –apareciendo ya en la desamortización de Madoz de 1855-, no es hasta este momento cuando decide demolerse la parroquia de Santa María de la Almudena. Tiempo atrás mezquita principal de la ribat musulmana, fue consagrada como iglesia tras la conquista por los castellanos y allí decidió albergarse la tan preciada talla de la virgen que, se supone, apareció de entre los sillares de la muralla cuando Alfonso VI entró para tomar posesión de ella. Sin embargo, ahora, su localización suponía un estrechamiento de la calle Mayor y un obstáculo para la calle Bailén. Un obstáculo que, al amparo de desamortizaciones, anticlericalismo y modernidad, dio su última misa el 25 de octubre de 1868, procediendo a su demolición al día siguiente. Actualmente, en la calle de la Almudena podemos encontrar parte de los cimientos de la iglesia, así como una pequeña maqueta de bronce.

Pero no sólo sería La Almudena la única vieja arquitectura de Madrid que sucumbiría al nuevo urbanismo. En este mismo periodo culminaba el derrumbe de la cerca de Felipe IV que, tras varios años de destrucciones parciales programados, en estos días revolucionarios se producían las últimas demoliciones. La cerca había sido mandada construir hacia 1625, a comienzos del reinado de Felipe IV, cuando Madrid contaba con ciento veinticinco mil habitantes aproximadamente. Más de doscientos años después, con la cerca aún vigente, la villa no podía aumentar sus dimensiones, si bien la población había ya superando ampliamente los doscientos cincuenta mil. Hoy en día, apenas unos restos en la calle Serrano, las Vistillas y Ronda de Segovia nos recuerdan dónde terminaba el antiguo Madrid.

Ya sin la Real Cerca, se podía, por fin, llevar a cabo en su plenitud las obras propuestas por Carlos María de Castro y el Marqués de Salamanca. En 1860 había quedado aprobado el primer proyecto sobre el ensanche de Madrid. Sin embargo, debido, entre otras cosas, a la permanencia de la cerca, sólo habían podido acometerse algunas pequeñas obras, como la de los Jardines Elíseos (entre las calles Velázquez, Alcalá, Castelló y Goya) y algunas de las viviendas de la calle Serrano. Ahora, en el otoño de 1868 comenzaba por fin a construirse el primer ensanche de Madrid, llamado como uno de sus mayores artífices: el barrio de Salamanca. Creado a partir de edificios de no más de cuatro plantas, grandes patios interiores y señoriales entradas de carruajes, el barrio fue concebido para alojar a las familias burguesas de la capital. Sin embargo, también se construyeron viviendas que disponían de casas interiores, las cuales servían para albergar a las familias trabajadoras que emigraban desde todos los rincones del país para establecerse en Madrid. Esta y las sucesivas ampliaciones de la villa dieron lugar a un gran aumento de la población en las últimas décadas del siglo XIX. Diez años después de la caída de la cerca, Madrid ya contaba con más de cuatrocientos mil habitantes.Puerta de Toledo

Por otro lado, el 19 de octubre del mismo año no sólo quedó aprobada la demolición de la Almudena, sino que hubo otro decreto que ha formado parte de nuestra historia hasta hace poco tiempo, puesto que desde ese día la peseta quedaba constituida como la única moneda nacional. La historia de la peseta se remonta al siglo dieciocho, cuando su equivalencia era de dos reales y convivía con casi dos docenas de monedas nacionales (escudo de oro, maravedí, etc). Ya durante el reinado de Isabel II se quiso establecer una única moneda (escudo de plata) que fortaleciese la economía del país. Sin embargo, ese otoño el gobierno de Serrano decide transformar la peseta (de plata), siendo su equivalencia a cuatro reales. A partir de ese momento la peseta, con su perra chica y su perra gorda, contribuirían a mejorar la situación económica de los madrileños, marcada siempre por las subidas del pan, las guerras y las malas condiciones de vida.

La historia de España durante todo el siglo XIX estuvo marcada por numerosas guerras, conflictos y cambios en los que Madrid, como capital política y sede de la monarquía, no se veía ajena. Es a mediados de ese siglo cuando comienzan a surgir una serie de escritores que, influenciados por corrientes europeas y siendo conscientes de la realidad española, conforman la llamada literatura realista. Y es en este enmarque, en 1868, cuando uno de los escritores con posterioridad más afamados comienza su andadura. Aunque canario de nacimiento, Benito Pérez Galdós siempre formó parte de la vida cultural e intelectual de Madrid. Primero vecino de Lavapiés y luego del Barrio de Salamanca, fue conocedor de calles, lugares, habitantes y sucesos, y gustaba de mezclar hechos históricos con personajes ficticios aquejados siempre de las grandes pasiones humanas. Y esta característica no es menos en su primera novela, La Fontana de Oro, que, aunque situada la trama durante el reinado de Fernando VII y publicada en 1870, es en 1868 cuando la concluye, durante sus viajes como corresponsal a París. Con esta primera obra, el escritor abría sus puertas hacia la fama y el reconocimiento, aspectos que irían en aumento con la publicación de sus obras posteriores, muchas de las cuales tienen como protagonista al Madrid galdosiano.

A lo largo del tiempo, hay años que se posicionan como claves para entender la historia: 456, 711, 1453, 1492… En el caso de España, 1868 supone un antes y un después dentro de la política, la sociedad y la cultura. Si bien, ese otoño tiene un especial significado para Madrid.

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