Restos del Madrid anterior a 1500. Parte I

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En el caso de España, la línea cronológica que separa el Medievo de la modernidad es muy difusa. Las corrientes artísticas, políticas y sociales originarias de Francia o Italia, que eran las que marcaban el ritmo, podían llegar a la corte itinerante castellana hasta con cien años de retraso. Madrid es un caso más en el que apreciar cómo todos esos influjos modernos llegaban con posterioridad, contaminados ya por las corrientes venideras. Es por ello que, mientras que en Italia tiene lugar el Cinquecento o Manierismo, en Madrid todavía se manejaban las estructuras plenamente góticas. Y cuando el Renacimiento llega, por fin, lo hace solo en elementos decorativos, mezclados ya con las corrientes manieristas, conservándose aún así las estructuras góticas. Debido a esta  dicotomía, comenzamos a dar por finalizado el Medievo a raíz del descubrimiento de América en 1492, con la llegada de Carlos I en 1516 o, redondeando, a partir del año 1500. Así, quedaban atrás casi seiscientos cincuenta años de pasado medieval, cuyos vestigios fueron parcialmente eliminados a lo largo de los siglos dieciséis y diecisiete, momento en el que Madrid alumbraba nuevos barrios a la vez que se esforzaba en tener una apariencia plenamente moderna y barroca. Sin embargo y, como es lógico, algunos vestigios han logrado sobrevivir al paso del tiempo, unos intactos y otros irremediablemente reformados, pero medievales al fin y al cabo. 

La historia medieval de Madrid se divide en un pasado musulmán (c.860 – 1085) y un pasado cristiano (1085 – 1500), conservándose testimonios de ambas etapas, si bien no todas hoy permanecen a plena vista. Teniendo en cuenta la situación geográfica de Mayrit, así como sus dimensiones, los puntos más calientes para divisar restos medievales son los alrededores de la Plaza de Isabel II, el barrio de La Latina y las calles inmediatas a Palacio.

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Siguiendo un orden cronológico, el primer testimonio del que debemos hablar es de la muralla musulmana. Hacia el año 860, el emir Mohammed I decide construir una “Almudaina” (ciudadela o ciudad pequeña) a modo de “ribat”, es decir, como un núcleo de población secundario que tiene por finalidad defender a otro núcleo más importante, en este caso Toledo. El primer núcleo poblacional amurallado apenas poseía un radio de cien metros, pero, rápidamente, se creo una medina junto a ella que abarcaba, aproximadamente, desde Ópera hasta la calle Mayor y desde el Manzanares hasta las contiguas calles de la Escalinata y del Espejo, cerrándose el recinto a la altura de la intersección de la calle Mayor con Sacramento donde, presumiblemente, se situaba la puerta de Santa María. Sin duda, los restos más visibles de esta muralla son los que se encuentran frente a la entrada a la cripta neorrománica, en el actual parque del emir Mohammed I. Este tramo de ciento quince metros aproximadamente, fue descubierto a raíz de las reformas urbanísticas llevadas a cabo a partir de la década de 1950. Este hallazgo fue sometido durante décadas al más dañino de los olvidos. Rodeado de basura y excrementos, no había un programa de rehabilitación y reconstrucción de la zona que realzase la belleza de aquel descubrimiento. Por suerte hace unos años, se llevaron a cabo las obras para la realización del actual jardín y la rehabilitación de la muralla. Ahora, quizás, no provoque profundas impresiones y su exquisita pulidez desvirtúe la verdadera edad de muchas de sus piedras. Pero, al menos, nos ayuda a recordar que Madrid tuvo un pasado lleno de continuas batallas y un trasiego de culturas. Este tramo se corresponde con el de la Puerta de la Vega, lugar de entrada y salida hacia los antiguos caminos del este, hacia Toledo y Segovia. Caracterizadas por el uso del sílex y el empleo de torres cuadrangulares (a modo de “zarpa”), superan los once metros y medio en su punto más alto. Y teniendo en cuenta las abruptas características del barranco sobre en el que construyeron, así como la altura del cerro, debió de suponer un enclave defensivo de lo más certero.muralla

Como es sabido, recientemente se ha descubierto una continuación de este mismo tramo con una longitud de casi setenta metros, aunque todavía no se encuentra visible al público (así como las casas pertenecientes a la judería que estaban anejas a dicho tramo)

huesosA este mismo periodo pertenecen las atalayas y torres albarranas, construcciones exentas a la muralla que permitían ayudar en la visualización tanto de comunicaciones como de enemigos. Sin, duda, la más famosa de ella es la Torre de los Huesos, cuyos restos se sitúan actualmente en el aparcamiento bajo la Plaza de Oriente (hay que tener en cuenta la evidencia de que nuestro nivel del  suelo es superior al de hace años atrás). Hay que decir que se conservan restos de otras torres en los sótanos de los locales junto a la calle Mayor y el actual Palacio de Uceda.

No hay que olvidar otro de los puntos clave del Mayrit andalusí, situado en plena plaza de Ópera. Desde hace años podemos visitar los restos de la fuente de los Caños del Peral accediendo desde el vestíbulo del citado metro de Ópera. La construcción principal que vemos en la actualidad es fruto de las reformas llevadas a cabo a partir del siglo dieciséis en adelante, cuando poseía decenas de surtidores y un gran lavadero. En funcionamiento hasta el siglo dieciocho fue enterrada con motivos de las obras de explanación de la nueva plaza a mediados del siglo diecinueve. Pese a todo esto, no hay que olvidar que su origen se encuentra en la primitiva fuente que manaba en este lugar y que se considera la más antigua de Madrid. Junto a estos restos también se conservan los de un viaje de agua (Amaniel) construido en el siglo dieciséis sobre uno medieval anterior que abastecía al hamman anexo a él en los tiempos del Madrid musulmán.

Sin duda, los viajes de agua es uno de los temas preferidos por los historiadores madrileños. Sin ahondar en exceso en su historia y tipología, los “qanats” eran canales que aprovechaban las aguas subterráneas como fuente de abastecimiento, introduciéndola en la medina, evitancarrosdo así que la gente tuviera que desplazarse constantemente al Manzanares y los arroyos cercanos. Si bien el desarrollo de estos canales tuvo lugar a partir del siglo XIV, interrumpiéndose su utilización con la construcción del Canal de Isabel II, su introducción en la villa se produjo cuando en Madrid todavía se izaba la bandera del califato. De origen Persa, esta técnica milenaria fue introducida en Mayrit para abastecer a la población de su medina, si bien en el siglo XI apenas se alcanzaban los mil habitantes. En este caso no podemos hablar de restos visibles, pero no por ello han de dejar de tenerse en cuenta. Cuando todos los historiadores afirmaban que los viajes de agua madrileños fueron construidos a partir de la época tardomedieval, en la década de 1980 fue descubierto un pequeño viaje que discurría por el límite sur del Mayrit andalusí, es decir, por los alrededores de la actual calle Segovia y la Plaza de los Carros. Estos restos excavados y examinados se encuentran sepultados por la citada plaza, si bien hay documentos escritos y fotográficos que dan buena cuenta de ellos. Este pequeño viaje se nutriría del arroyo de San Pedro (actual calle Segovia) y que, en otro tiempo, pudo llamarse arroyo Matrice. De hecho, se cree que en esta zona también pudo existir algún tipo de hamman o baño público.

silosOtro de los temas estrella dentro de la arqueología medieval en Madrid son los numerosos silos y pozos encontrados, tanto en la zona de Ópera como de La Latina. Se conoce la existencia de casi trescientos silos y pozos de origen árabe bajo esta zona de Madrid, no descartándose la posibilidad de encontrarse más en un futuro. Sin duda, los más numerosos son los silos que, si bien hoy en día la mayoría se encuentran nuevamente enterrados, suponen una gran herramienta a la hora de conocer la vida y cultura de los antiguos pobladores de la villa. Se trata de excavaciones subterráneas circulares que podían alcanzar entre medio metro y cinco metros de profundidad. Con una finalidad comunal, solían utilizarse para el almacenaje de alimentos, principalmente cereal, procurando así una temperatura adecuada y constante para su conservación. Posteriormente, ya en época cristiana, fueron usados a modo de “cubos de basura”, pudiéndose encontrar desde restos de semillas a trozos de cerámica o herramientas de trabajo y ocio. Sin duda, el lugar estrella en lo que a silos se refiere es el actual Museo de los Orígenes, supuesta casa de San Isidro, dado que, aunque la reconstrucción que hoy se levanta hace referencia a la reforma tardomedival llevada a cabo por la familia Luján, esta se levantó sobre otra mucho anterior, bien de cuando Mayrit era musulmana, bien cuando pasó a ser cristiana y los mozárabes pasaron a ocupar parte del cerro de Las Vistillas.

Como en cualquier otra medina musulmana, uno de los edificios más importantes es la mezquita. En nuestro caso, a falta de una teníamos dos. Algunos teorizan que, incluso, tres. Sin embargo, en estos casos dichas mezquitas fueron transformadas en iglesias, no conservándose apenas pruebas físicas de su pasado musulmán. Similar es el caso del alcázar de la villa cuyos restos árabes están hoy en día desaparecidos. Tras la conquista de Mayrit por parte de Alfonso VI, fueron sucesivas y numerosas las reformas de este emblemático edificio. Incluso los grandes proyectos llevados a cabo en los siglos dieciséis y diecisiete todavía dejaban ver el pasado musulmán del alcázar. Sin embargo, el fatídico incendio de 1734 y la posterior construcción del actual Palacio Real dieron al traste con los restos del mencionado edificio.

Por último, no hay que olvidar un dato que puede pasar desapercibido y que no deja de ser una herencia de ese pasado. Pese a la construcción de nuevos edificios, la apertura de nuevas plazas y al inevitable paso del tiempo, gran parte del trazado de calles de estos barrios es el mismo desde hace más de mil años. En algunos casos, incluso, el nombre de las calles  no ha variado desde entonces. Este mismo trazado siguió desarrollándose durante el resto de siglos medievales, llegando casi intacto hasta nuestros días.
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Continuará…

 

 

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