Día: 17 enero, 2017

San Antón y el Rey de los Cerdos

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17 de enero de 356

Las llamadas Vusan-antoneltas de san Antón, es, en cierto sentido, una de las fiestas tradicionales más antiguas y queridas de Madrid. Por lo que respecta al santo, cuando murió su pupilo y amigo San Pablo el Simple, San Antonio Abad le enterró ayudado por numerosos animales. Asimismo, dicho santo curó a una camada de jabatos ciegos, tras lo cual la jabalina madre de todos ellos nunca más se separó de él. Así, el día de la muerte de este monje eremita quedó constituido como el día de todos los animales.

Sin embargo, esta festividad, a la cual están vinculados los famosos panecillos de San Antón, no ha sido igual a lo largo de la historia. La celebración tal y como la conocemos hoy en día se remonta al siglo XIX. En cambio, esta resultó de una derivación no religiosa y mucho más mundana. Desde la época medieval, en Madrid era costumbre que el día del Santo se celebrase la fiesta del cerdo del concejo, que no eran otra cosa que alimentar durante el año a un cerdo entre todos para después ponerlo a disposición del Concejo. Desde, al menos el siglo XVI, la fiesta fue derivando y, junto a la ermita de san Blas (situada aproximadamente donde hoy está el Ministerio de Agricultura), en el cerro del mismo nombre, se llevaba a cabo la elección del mejor cerdo de cada piara de entre los ejemplares que los porqueros de la villa decidían presentar al panecillos-san-antonconcurso. Esos cerdos realizaban una carrera y el que ganaba era el considerado “rey de los cerdos”. Entonces, uno de los porqueros era disfrazado como san Antón, se le subía en un burro e iniciaba una especie de procesión -en la que el rey cerdo era el que comandaba al resto de cochinos-, que culminaba en la antigua ermita de san Antonio (situada en la misma explanada donde hoy luce la efigie del “Ángel Caído”). Dicha fiesta fue prohibida a comienzos del siglo XVII ya que a ella se relacionaban revueltas callejeras e, incluso, varios días de orgías. La fiesta se restauró a comienzos del siglo XVIII con la llegada de la dinastía borbónica. Pero en la segunda mitad del siglo XVII y la primera mitad del siglo XIX, a raíz de la creación de la iglesia de san Antón de Hortaleza cuando la celebración comienza a derivar en una romería a este nuevo edificio en la que se incluían varios tipos de animales y a la que acudían gentes de los pueblos cercanos a Madrid. Durante el siglo XX la romería como tal fue desapareciendo. Sin embargo, todavía hoy perviven los panecillos del santo y la gente sigue acudiendo con sus animales a este iglesia, organizándose un pequeño desfile.

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Madrid 1561. Los motivos para una capital

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Aunque se haya conservado gran parte de la documentación y correspondencia real de la época, nunca sabremos qué razón pesó más en Felipe II (1527-1598) para determinar que la villa se erigiera como capital del reino en 1561 por encima del resto de candidatas (Toledo, Sevilla, Burgos, Granada y Valladolid principalmente). Fueron muchos los motivos, tanto reales como personales, que llevaron al rey a tomar la decisión. Sin embargo, tres de ellos son principales.

El primero y más obvio tiene que ver con su situación geográfica. Madrid ofrecía una equidistancia hacia todos los puntos de la península ibérica, así como una buena red de caminos, hacia todas las provincias del imperio, incluido el reino luso que, aunque no pasaría a formar parte de las posesiones reales hasta 1580, Felipe ya se barajaba como posible sucesor del rey portugués. En este sentido, Sevilla o Granada eran claras perdedoras.

Antiguamente y al amparo de la conquista del Al-Ándalus por parte de Castilla y Aragón, las ciudades ganadas o de reciente fundación pasaban a las manos del rey, la nobleza o del clero. Había que procurar que el poder de la corte no estuviera reñido con el real y, en este sentido, Toledo era la clara perjudicada. La llamada Ciudad Imperial, centro principal de la corte de Carlos I (1500-1558) era la favorita para constituirse como sede permanente. Sin embargo, su fuerte dependencia de los cardenales primados hacía inviable esta posibilidad. Por el contrario, tras su conquista en 1085, Alfonso VI decidió que Madrid fuese una villa de realengo, es decir, de propiedad real. Gracias a esta particularidad, Felipe II no precisaba de comprar los terrenos a nadie ni de disputarse su gobierno con ningún otro poder. Este sería el segundo motivo que, aunque segundo, sería decisivo.

Ya desde tiempo atrás, en época de Juan II y Enrique IV (padre y hermano de Isabel La Católica, respectivamente), los reyes y su corte frecuentaban el alcázar de Madrid y otros enclaves cercanos. Un siglo después, con el rey Carlos en Castilla, esa vinculación con la villa y los alrededores iba en aumento. Por otra parte, Madrid, como ciudad comunera que había sido, había sufrido mucho durante la guerra, quedando el alcázar inhabilitado. Por este motivo, durante los últimos años del rey emperador, su hijo Felipe manda iniciar las obras de un nuevo palacio plenamente renacentista, al gusto de la época, así como otras edificaciones cercanas (el monasterio del Escorial, el palacio del Pardo, o el palacio de Valsaín) siguiendo los mismos parámetros artísticos. De esta manera, Madrid se modernizaba, frente a otras ciudades en las que permanecían los vestigios medievales. wyngaerde

Famosos son otros motivos en favor de Madrid (la supuesta predilección de la villa por parte de Isabel de Valois, última esposa del rey Felipe, por ejemplo), así como las razones a favor y en contra de otras localidades (por ejemplo, Felipe II, pese a su peso institucional consideraba a Toledo poco salubre o a Granda “poco cristiana”).

Finalmente, el 12 de febrero de 1561 quedaba constituida Madrid como la capital del reino, ordenando el 19 de mayo que la Corte iniciase su traslado y siendo el 3 de junio el momento en que atravesaban las murallas tanto el rey como el Registro General del Sello, venidos desde la vencida Toledo. Es verdad que, aun determinando el traslado de la Corte a Madrid en 1561, se desconocía en ese momento si dicho viaje sería definitivo. De lo que no hay duda es de que a partir de ese momento Madrid  y sus habitantes sufrirían una transformación completa, olvidando su pasado comunero, medieval y musulmán para dar paso a la capital del imperio.