Breve historia de El Corte Inglés

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25 de enero de 1936

En 1890 llega a Madrid el sastre salmantino Fernando Centenera. Poseía una tienda (llamada “La Incompetible”) en el centro de Salamanca pero, queriendo prosperar decide abrir una sucursal en la calle Preciados Nº 28, esquina con Rompelanzas y el Carmen, en Madrid. A esta sastrería decide llamarla de un modo diferente, El Corte Inglés -dada la buena fama de la factura inglesa-, y habría de dedicarse a la confección de trajes para niño y caballero. Al morir en 1904, hereda el comercio su sobrino Julián Gordo Centenera. El negocio seguiría en su poder hasta el 25 de enero de 1936, momento en que es adquirido por Pepín Fernández con la ayuda de su primo César Rodríguez. El local de El Corte inglés (y todos los de esa misma manzana) servirían para ampliar el negocio de Pepín, Sederías Carretas, inaugurándolo definitivamente en 1943 como Galerías Preciados. Mientras Pepín Fernández finalizaba la compra de todos los negocios de alrededor para hacer sus galerías, César le pidió que dejase a su sobrino Ramón Areces llevar la sastrería de el Corte inglés. Finalmente, la pequeña sucursal de aquel sastre salmantino fue trasladada al número 3 de esa misma calle, comenzando una andadura que, gracias al empeño de Rodríguez y Areces, así como de los casi 100.000 trabajadores que existen hoy en día entre todos los centros de España y Portugal, continúa hoy en día, erigiéndose como una de las empresas líder de nuestro país.

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Fallece el Marqués de Salamanca (1883)

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21 de enero de 1883

Político, constructor, inversor, alcalde, empresario teatral, banquero…hombre de negocios en general, además de aristócrata y Grande de España. El 21 de enero de 1883 fallecía arruinado en su Palacio de Vista Alegre (en Carabanchel Bajo, todavía independiente de Madrid) el Marqués de Salamanca.

marques-salamancaJosé María de Salamanca y Mayol había nacido en Málaga en 1811 y desde muy pronto comenzó a implicarse en los movimientos políticos e históricos de la época. Tras sus estudios de Filosofía y Derecho en la Universidad de Granada -en los que llegó a relacionarse con Mariana Pineda-, se vio involucrado en el pronunciamiento liberal del General Torrijos que tuvo lugar en 1831. Es a partir de 1837, cuando es elegido diputado por Málaga cuando se asienta por primera vez en Madrid. Consiguió hacerse con el monopolio de la sal, comenzando así un ascenso en lo social y en lo económico que le llevó a albergar una de las mayores fortunas de España. En esos años fue también Ministro de Hacienda, llegando a ser momentáneamente Presidente del Gobierno. En 1844 ganó 30 millones de reales en un solo día en la Bolsa de Madrid gracias al uso de información privilegiada a cuento de un pronunciamiento militar fallido por Martín Zurbano. Coincidiendo con un nuevo periodo de gobierno de Narváez se vio forzado a exiliarse, si bien su nombre había salido a relucir a consecuencia de algunas irregularidades dentro del Ministerio. En 1851 inaugura uno de sus grandes proyectos: el ferrocarril Madrid-Aranjuez. En ese momento vivía en su palacio del Paseo de Recoletos (hoy en día sede del BBVA). En 1856, durante el Bienio Progresista logra ser Senador vitalicio en las Cortes. Durante todo este periodo intercalaba proyectos muy rentables económicamente con otros fracasados, como el Banco de Isabel II. Sin embargo su periodo de decadencia -cuando los fracasos son mayores que sus éxitos-, tiene lugar a partir de 1860. Aun así todo, es en esa década cuando tiene lugar una de sus inversiones más importantes, el primer ensanche de Madrid, que tomaría su propio nombre: Barrio de Salamanca.

En el momento de su muerte, dejaba numerosas deudas, teniendo como única propiedad en Madrid el lugar donde fallecía, el Palacio de Vista Alegre, el cual pasó al Estado, para seguir pagando las deudas del Marqués.

San Antón y el Rey de los Cerdos

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17 de enero de 356

Las llamadas Vusan-antoneltas de san Antón, es, en cierto sentido, una de las fiestas tradicionales más antiguas y queridas de Madrid. Por lo que respecta al santo, cuando murió su pupilo y amigo San Pablo el Simple, San Antonio Abad le enterró ayudado por numerosos animales. Asimismo, dicho santo curó a una camada de jabatos ciegos, tras lo cual la jabalina madre de todos ellos nunca más se separó de él. Así, el día de la muerte de este monje eremita quedó constituido como el día de todos los animales.

Sin embargo, esta festividad, a la cual están vinculados los famosos panecillos de San Antón, no ha sido igual a lo largo de la historia. La celebración tal y como la conocemos hoy en día se remonta al siglo XIX. En cambio, esta resultó de una derivación no religiosa y mucho más mundana. Desde la época medieval, en Madrid era costumbre que el día del Santo se celebrase la fiesta del cerdo del concejo, que no eran otra cosa que alimentar durante el año a un cerdo entre todos para después ponerlo a disposición del Concejo. Desde, al menos el siglo XVI, la fiesta fue derivando y, junto a la ermita de san Blas (situada aproximadamente donde hoy está el Ministerio de Agricultura), en el cerro del mismo nombre, se llevaba a cabo la elección del mejor cerdo de cada piara de entre los ejemplares que los porqueros de la villa decidían presentar al panecillos-san-antonconcurso. Esos cerdos realizaban una carrera y el que ganaba era el considerado “rey de los cerdos”. Entonces, uno de los porqueros era disfrazado como san Antón, se le subía en un burro e iniciaba una especie de procesión -en la que el rey cerdo era el que comandaba al resto de cochinos-, que culminaba en la antigua ermita de san Antonio (situada en la misma explanada donde hoy luce la efigie del “Ángel Caído”). Dicha fiesta fue prohibida a comienzos del siglo XVII ya que a ella se relacionaban revueltas callejeras e, incluso, varios días de orgías. La fiesta se restauró a comienzos del siglo XVIII con la llegada de la dinastía borbónica. Pero en la segunda mitad del siglo XVII y la primera mitad del siglo XIX, a raíz de la creación de la iglesia de san Antón de Hortaleza cuando la celebración comienza a derivar en una romería a este nuevo edificio en la que se incluían varios tipos de animales y a la que acudían gentes de los pueblos cercanos a Madrid. Durante el siglo XX la romería como tal fue desapareciendo. Sin embargo, todavía hoy perviven los panecillos del santo y la gente sigue acudiendo con sus animales a este iglesia, organizándose un pequeño desfile.

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Introducción al caso “Reina Gata”. ¿Nació Isabel de Castilla en Madrigal o en Madrid?

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A veces parece que los hechos históricos son como son sin capacidad de que con posterioridad las fechas, personas o acontecimientos cambien su lugar, época, significado o trascendencia. Podemos pensar que un milagro es más real que otro cuando añadimos la hora en qué ocurrió, qué ropa llevaba puesta el protagonista o la baldosa exacta donde ocurrieron los hechos. De manera similar, también damos por bueno cuando algo se recalca cientos de veces, pensando que si todos dicen lo mismo será por algo y no porque, simplemente, unos repiten lo que dice el anterior. Pues bien, algo así lleva ocurriendo en nuestra Historia desde hace siglos y, en esta ocasión y sin valor para posicionarnos en una postura definitiva, queremos hacer una introducción a este tema tan inocuo a la vez que trascendente.

A día de hoy somos muchos los que de corrido podemos decir que Isabel de Castilla (1451 – 1504) nació en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) el 22 de abril de 1451. Segunda hija de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal no estaba llamada a ser reina, si bien terminaría siendo uno de los mayores símbolos de la Historia de España. Sin embargo, tanto su fecha como su lugar de nacimiento están más que discutidos, sin poder saber a ciencia cierta cuál es la respuesta correcta.

Antes de que la corte se estableciese de manera definitiva en Madrid, los reyes y su séquito se establecían durante meses o años en las principales villas de Castilla: Arévalo, Segovia, Medina del Campo, Valladolid, Burgos, Madrid, Toro, Zamora,…etc. Desde estas sedes de la corte los reyes enviaban sus misivas hacia el resto de localidades con el objeto de hacerlas conocedoras que lo que acontecían en el reino. Sin embargo, dado que el correo iba a caballo (en barco en los peores casos), cuando las cartas llegaban a su destino, del acontecimiento citado en ellas ya habían pasado varios días.isabel_de_castilla

Cuando nace la infanta Isabel, el rey Juan envía aviso del nacimiento a las villas principales. Y lo hace desde el alcázar de Madrid, dado que en ese momento aquí se encontraba la corte. Por desgracia, a día de hoy solo se ha encontrado el documento enviado a la ciudad de Segovia, aunque, de encontrarse algún otro, no se diferenciaría demasiado de este:

«Yo el Rey. Envío mucho saludar á vos el Concejo, Alcaldes, Regidores, Caballeros, Escuderos, Oficiales é homes buenos de la Ciudad de Segovia, como aquellos que amo é de quien mucho río. Fago vos saber que por la gracia de Nuestro Señor, este jueves próximo pasado la Reyna Doña Isabel, mi muy cara é muy amada mujer, encaesció de una Infante. Llo cual vos fago saber porque dedes muchas gracias á Dios, así por la deliberación de la dicha Reina mi muger, como por el nacimiento de la dicha Infante, sobre lo qual mandé ir á vos á Johan del Busto, mi Repostero de camas, leuador de la presente, al qual vos mando dedes las albricias por cuanto yo le fice merced dellas. Dada en la villa de Madrid á XXIII de Abril de LI. Yo el Rey.»

Este es el mensaje completo firmado por el rey Juan, del cual solo podemos deducir como claro lo siguiente: que el rey se encuentra en Madrid en el momento del nacimiento de su hija; que dicho nacimiento ocurre un jueves de abril de 1451; y que, teniendo en cuenta que la carta se firma un viernes 23, los jueves más probables para dicho nacimiento sean el 15 o el 22. Pero nada de Madrigal. Ni tampoco nada de Ávila –que es la tercera en discordia-. Sólo se sabe que el rey está en Madrid, lo que no necesariamente implica que también esté la reina.

No es difícil encontrar en libros o en internet el listado de los numerosos historiadores (desde el siglo XVI en adelante) en cuyo relato sobre la vida de la reina se declinan por una u otra posibilidad. A continuación, mostramos de manera resumida tres de los ejemplos más coetáneos al suceso:

Andrés Bernáldez (Siglo XVI): «Esta Reina nació año de 1450 años, en el mes de Noviembre, día de Santa Elisabel, en Ávila: fué hija del Rey Don Juan de Castilla.»

Lucio Marineo Sículo (Siglo XVI): «Nació la Reina Doña Isabel en Madrigal, que está de Salamanca casi doce leguas, lugar nombrado porque hay en él mucho vino blanco. Nació en el año de 1449.»

Diego Colmenares (Siglo XVII): «El jueves señalado en la carta por día del parto, fué XXII de Abril, día próximo antecedente á la data, conforme al cómputo y letra dominical, que aquel año fué C. Y así consta claro haber sido el parto en Madrid, pues la distancia de Madrigal a Madrid no puede ajustarse á tanta estrechura de tiempo.»

Como vemos, ni siquiera los documentos más antiguos –por tanto, menos contaminados-, siguen necesariamente el texto enviado por el rey a Segovia, equivocando, incluso, el año de nacimiento.

Entonces, ¿Por qué se habla de Madrigal y dónde nació exactamente Isabel La Católica? La primera pregunta es más fácil de responder. Si bien hoy en día Madrigal de las Altas Torres apenas supera los mil quinientos habitantes, durante el siglo XV se trataba de una villa próspera situada en una zona muy frecuentada por la dinastía Trastámara, ya que no muy lejos se encuentran otros sitios como Arévalo, Ávila, Salamanca o Medina del Campo. En dicha localidad hoy en día sigue existiendo el llamado Palacio de Juan II, una casona de estilo rural transformada en un sobrio palacio, que sirvió como lugar de residencia de este monarca y sus dos mujeres. Se sabe que la reina Isabel se hallaba en Madrigal meses antes de dar a luz, si bien no hay constancia total de que se encontrase allí en el mes de abril. Además, no hay ninguna constancia de que la reina hubiese acompañado al rey en su viaje a Madrid. Por tanto, no se puede llegar a ninguna conclusión, si bien habría que tener en cuenta que si el nacimiento se hubiese producido fuera de Madrid, constaría en el documento redactado por el rey destinado a Segovia, indicándose que la infanta ha nacido en otra localidad distinta de donde él está.

¿Entonces, qué posibilidades hay? Existen varias opciones, sin que ninguna de ella tenga argumentos más firmes. Si la futura Isabel I nació en Madrid, lugar donde se encontraba su padre, probablemente lo hiciese el jueves 22, el día anterior a la fecha de la carta, ya que no habría motivo para retrasar dicha escritura si hubiese nacido en jueves anteriores. Pero si el lugar del acontecimiento hubiese tenido lugar en Madrigal el abanico de posibilidades vuelve a extenderse. Hoy en día se tarda poco menos de dos horas en realizar el trayecto Madrigal-Madrid, pero lo normal en el siglo XV es que un correo tardase en completar el recorrido no menos de un día, posiblemente día y medio. Por tanto, aunque no imposible, se hace difícil que Isabel naciese un jueves 22 y al día siguiente su padre escribiese una carta explicando lo acontecido, siendo más factible que el jueves “próximo pasado” fuese el día 15.

Como ha podido comprobarse, no es un asunto de fácil solución. Al contrario, esto es solo la pequeña introducción de un asunto difícil de esclarecer. A lo largo de su vida, la reina Isabel tuvo gestos tanto para la futura capital como para la localidad abulense, ya que ambos lugares estaban vinculados a su infancia. Sin embargo, determinar un sitio u otro como lugar de nacimiento parece un misterio difícil de resolver.

Madrid 1561. Los motivos para una capital

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Aunque se haya conservado gran parte de la documentación y correspondencia real de la época, nunca sabremos qué razón pesó más en Felipe II (1527-1598) para determinar que la villa se erigiera como capital del reino en 1561 por encima del resto de candidatas (Toledo, Sevilla, Burgos, Granada y Valladolid principalmente). Fueron muchos los motivos, tanto reales como personales, que llevaron al rey a tomar la decisión. Sin embargo, tres de ellos son principales.

El primero y más obvio tiene que ver con su situación geográfica. Madrid ofrecía una equidistancia hacia todos los puntos de la península ibérica, así como una buena red de caminos, hacia todas las provincias del imperio, incluido el reino luso que, aunque no pasaría a formar parte de las posesiones reales hasta 1580, Felipe ya se barajaba como posible sucesor del rey portugués. En este sentido, Sevilla o Granada eran claras perdedoras.

Antiguamente y al amparo de la conquista del Al-Ándalus por parte de Castilla y Aragón, las ciudades ganadas o de reciente fundación pasaban a las manos del rey, la nobleza o del clero. Había que procurar que el poder de la corte no estuviera reñido con el real y, en este sentido, Toledo era la clara perjudicada. La llamada Ciudad Imperial, centro principal de la corte de Carlos I (1500-1558) era la favorita para constituirse como sede permanente. Sin embargo, su fuerte dependencia de los cardenales primados hacía inviable esta posibilidad. Por el contrario, tras su conquista en 1085, Alfonso VI decidió que Madrid fuese una villa de realengo, es decir, de propiedad real. Gracias a esta particularidad, Felipe II no precisaba de comprar los terrenos a nadie ni de disputarse su gobierno con ningún otro poder. Este sería el segundo motivo que, aunque segundo, sería decisivo.

Ya desde tiempo atrás, en época de Juan II y Enrique IV (padre y hermano de Isabel La Católica, respectivamente), los reyes y su corte frecuentaban el alcázar de Madrid y otros enclaves cercanos. Un siglo después, con el rey Carlos en Castilla, esa vinculación con la villa y los alrededores iba en aumento. Por otra parte, Madrid, como ciudad comunera que había sido, había sufrido mucho durante la guerra, quedando el alcázar inhabilitado. Por este motivo, durante los últimos años del rey emperador, su hijo Felipe manda iniciar las obras de un nuevo palacio plenamente renacentista, al gusto de la época, así como otras edificaciones cercanas (el monasterio del Escorial, el palacio del Pardo, o el palacio de Valsaín) siguiendo los mismos parámetros artísticos. De esta manera, Madrid se modernizaba, frente a otras ciudades en las que permanecían los vestigios medievales. wyngaerde

Famosos son otros motivos en favor de Madrid (la supuesta predilección de la villa por parte de Isabel de Valois, última esposa del rey Felipe, por ejemplo), así como las razones a favor y en contra de otras localidades (por ejemplo, Felipe II, pese a su peso institucional consideraba a Toledo poco salubre o a Granda “poco cristiana”).

Finalmente, el 12 de febrero de 1561 quedaba constituida Madrid como la capital del reino, ordenando el 19 de mayo que la Corte iniciase su traslado y siendo el 3 de junio el momento en que atravesaban las murallas tanto el rey como el Registro General del Sello, venidos desde la vencida Toledo. Es verdad que, aun determinando el traslado de la Corte a Madrid en 1561, se desconocía en ese momento si dicho viaje sería definitivo. De lo que no hay duda es de que a partir de ese momento Madrid  y sus habitantes sufrirían una transformación completa, olvidando su pasado comunero, medieval y musulmán para dar paso a la capital del imperio.

El Mayrit Árabe

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La fundación de Mayrit se produjo durante la segunda mitad del siglo noveno (no antes de 850 ni después de 890), sin embargo, dada su posición geográfica y estratégica dentro del territorio musulmán de la península, pronto se convirtió en un enclave principal, siempre a la sombra de Toledo.

El enclave poseía una “almudaina” protegida por una muralla robusta y alta alternada con almenas de perímetro cuadrado y que se complementaban con torres vigía exentas (albarranas), como las  de Narigües, Gaona o la de los Huesos (cuyos restos hoy se conservan en el parking subterráneo de la Plaza de Oriente). Para franquear las murallas, tres puertas: la principal, de la Vega (entrada desde el camino de Toledo), que subía por la cuesta del mismo nombre; la puerta de Santa María, que comunicaba la medina con los caminos del este; y la puerta de la Sagra, que lo hacía por el norte, en la Plaza de Oriente.

Además de la muralla limítrofe, existían otra serie de elementos de carácter geográfico que conferían una protección a la villa. En primer lugar, la terraza del Manzanares, que establecía un desnivel hacia el oeste difícil de superar (hoy allanado por el ajardinamiento del Campo del Moro). Al norte los arroyos del Arenal y Leganitos y al sur el arroyo de San Pedro (actual calle Segovia) y su inclinada pendiente también conferían una frontera natural para la futura capital.

Por el contrario, la zona este siempre fue la más desprotegida de la ciudad. Es verdad que la regularidad de su terreno la hacía más apetecible para una incursión enemiga. Pero ese cambio en la trayectoria habría resultado demasiado largo y costoso para las tropas venidas del norte. imageslfvvcqv6

Accediendo por la puerta de la Vega y habiendo dejado atrás las huertas del río, se llegaba al centro neurálgico, comercial y social, de la pequeña almudaina. Desde esa misma puerta, se podría ver la de Santa María, y muy cerca de esta, la mezquita. En el extremo noreste de la medina, a la sombra de un peral, una fuente, perteneciente con mucha probabilidad, a unos baños o hamman. A la izquierda, salvando la orografía pronunciada y el patio de armas, se alcanzaba el gran alcázar.

La razón estratégica, militar y administrativa de la almudaina enseguida dio paso al establecimiento de una pequeña medina con zona residencial y comercial que iba creciendo hacia el este. Al este de la medina, quizás poco tiempo antes de la conquista cristiana en 1085, se construye una nueva mezquita. Muy cerca de esta, siguiendo el camino de Guadalajara, se llega a la laguna Luján, llamada a ser uno de los centros principales de la futura villa.

A la vez que se extendía la medina, surgió un nuevo barrio al otro lado del arroyo de San Pedro, sin muralla y, en cierto sentido, como medida diferenciadora. Allí hubo de establecerse la comunidad mozárabe. Estos cristianos, se asentaron en torno al primer edificio cristiano de Madrid: una pequeña iglesia dedicada a San Andrés.

En este momento Mayrit, con su cadí, sus comerciantes, artesanos, militares, funcionarios, judíos, cristianos, mujeres y niños, sumaba un total de mil habitantes aproximadamente. Todos ellos forman parte de un enclave estratégico encuadrado junto a la Marca Media que, pese al enfrentamiento militar, se relacionaba con cristianos y judíos en lo comercial y social, favoreciendo el lugar como un punto próspero llamado a seguir creciendo con el paso de los años.

Madrid, otoño de 1868

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La segunda mitad del siglo XIX en Europa es, sin duda, una época marcada por el desarrollo económico, político y social derivado de la revolución industrial, el liberalismo económico, los movimientos sociales y el paulatino desmarcaje de los monarcas y la iglesia sobre la dirección de los gobiernos. Nuestra villa no va a ser ajena a todos esos cambios, siendo el otoño de 1868 un momento clave para la historia de Madrid.

Las tensiones entre moderados -valedores del antiguo régimen- y liberales, así como una nueva crisis derivada del precio del pan, desembocaron entre los días 19 y 27 de septiembre de 1868 en la llamada Revolución de la Gloriosa que, teniendo como líderes a Juan Bautista Topete, Francisco Serrano y Juan Prim, se provocaron la caída de Isabel II, dando paso a los primeros intentos por generar una España más libre y democrática (sexenio democrático), primero con la instauración de una monarquía parlamentaria con Amadeo de Saboya y después con la Primera República.gloriosa

Justo un mes después del inicio de la revolución, el 19 de octubre, se aprueba la demolición de la iglesia más antigua de Madrid. Aunque el proyecto de su demolición venía fraguándose desde años atrás –apareciendo ya en la desamortización de Madoz de 1855-, no es hasta este momento cuando decide demolerse la parroquia de Santa María de la Almudena. Tiempo atrás mezquita principal de la ribat musulmana, fue consagrada como iglesia tras la conquista por los castellanos y allí decidió albergarse la tan preciada talla de la virgen que, se supone, apareció de entre los sillares de la muralla cuando Alfonso VI entró para tomar posesión de ella. Sin embargo, ahora, su localización suponía un estrechamiento de la calle Mayor y un obstáculo para la calle Bailén. Un obstáculo que, al amparo de desamortizaciones, anticlericalismo y modernidad, dio su última misa el 25 de octubre de 1868, procediendo a su demolición al día siguiente. Actualmente, en la calle de la Almudena podemos encontrar parte de los cimientos de la iglesia, así como una pequeña maqueta de bronce.

Pero no sólo sería La Almudena la única vieja arquitectura de Madrid que sucumbiría al nuevo urbanismo. En este mismo periodo culminaba el derrumbe de la cerca de Felipe IV que, tras varios años de destrucciones parciales programados, en estos días revolucionarios se producían las últimas demoliciones. La cerca había sido mandada construir hacia 1625, a comienzos del reinado de Felipe IV, cuando Madrid contaba con ciento veinticinco mil habitantes aproximadamente. Más de doscientos años después, con la cerca aún vigente, la villa no podía aumentar sus dimensiones, si bien la población había ya superando ampliamente los doscientos cincuenta mil. Hoy en día, apenas unos restos en la calle Serrano, las Vistillas y Ronda de Segovia nos recuerdan dónde terminaba el antiguo Madrid.

Ya sin la Real Cerca, se podía, por fin, llevar a cabo en su plenitud las obras propuestas por Carlos María de Castro y el Marqués de Salamanca. En 1860 había quedado aprobado el primer proyecto sobre el ensanche de Madrid. Sin embargo, debido, entre otras cosas, a la permanencia de la cerca, sólo habían podido acometerse algunas pequeñas obras, como la de los Jardines Elíseos (entre las calles Velázquez, Alcalá, Castelló y Goya) y algunas de las viviendas de la calle Serrano. Ahora, en el otoño de 1868 comenzaba por fin a construirse el primer ensanche de Madrid, llamado como uno de sus mayores artífices: el barrio de Salamanca. Creado a partir de edificios de no más de cuatro plantas, grandes patios interiores y señoriales entradas de carruajes, el barrio fue concebido para alojar a las familias burguesas de la capital. Sin embargo, también se construyeron viviendas que disponían de casas interiores, las cuales servían para albergar a las familias trabajadoras que emigraban desde todos los rincones del país para establecerse en Madrid. Esta y las sucesivas ampliaciones de la villa dieron lugar a un gran aumento de la población en las últimas décadas del siglo XIX. Diez años después de la caída de la cerca, Madrid ya contaba con más de cuatrocientos mil habitantes.Puerta de Toledo

Por otro lado, el 19 de octubre del mismo año no sólo quedó aprobada la demolición de la Almudena, sino que hubo otro decreto que ha formado parte de nuestra historia hasta hace poco tiempo, puesto que desde ese día la peseta quedaba constituida como la única moneda nacional. La historia de la peseta se remonta al siglo dieciocho, cuando su equivalencia era de dos reales y convivía con casi dos docenas de monedas nacionales (escudo de oro, maravedí, etc). Ya durante el reinado de Isabel II se quiso establecer una única moneda (escudo de plata) que fortaleciese la economía del país. Sin embargo, ese otoño el gobierno de Serrano decide transformar la peseta (de plata), siendo su equivalencia a cuatro reales. A partir de ese momento la peseta, con su perra chica y su perra gorda, contribuirían a mejorar la situación económica de los madrileños, marcada siempre por las subidas del pan, las guerras y las malas condiciones de vida.

La historia de España durante todo el siglo XIX estuvo marcada por numerosas guerras, conflictos y cambios en los que Madrid, como capital política y sede de la monarquía, no se veía ajena. Es a mediados de ese siglo cuando comienzan a surgir una serie de escritores que, influenciados por corrientes europeas y siendo conscientes de la realidad española, conforman la llamada literatura realista. Y es en este enmarque, en 1868, cuando uno de los escritores con posterioridad más afamados comienza su andadura. Aunque canario de nacimiento, Benito Pérez Galdós siempre formó parte de la vida cultural e intelectual de Madrid. Primero vecino de Lavapiés y luego del Barrio de Salamanca, fue conocedor de calles, lugares, habitantes y sucesos, y gustaba de mezclar hechos históricos con personajes ficticios aquejados siempre de las grandes pasiones humanas. Y esta característica no es menos en su primera novela, La Fontana de Oro, que, aunque situada la trama durante el reinado de Fernando VII y publicada en 1870, es en 1868 cuando la concluye, durante sus viajes como corresponsal a París. Con esta primera obra, el escritor abría sus puertas hacia la fama y el reconocimiento, aspectos que irían en aumento con la publicación de sus obras posteriores, muchas de las cuales tienen como protagonista al Madrid galdosiano.

A lo largo del tiempo, hay años que se posicionan como claves para entender la historia: 456, 711, 1453, 1492… En el caso de España, 1868 supone un antes y un después dentro de la política, la sociedad y la cultura. Si bien, ese otoño tiene un especial significado para Madrid.